Ana Cecilia estaba en una sala de espera vestida de blanco, sentada
en una vieja banca de un viejo convento, junto a otras mujeres, todas estaban también
vestidas de blanco, algunas sentadas en las pocas bancas viejas y otras
dispersas formaban grupos y conversaban entre ellas. Ana Cecilia estaba ansiosa
por la espera, sentía en el coxis algo pesado, por eso se levanto de la vieja
banca y camino para evitar el fastidio que no llegaba a ser un dolor.
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| ÓLEO SOBRE LIENZO - TÍTULO "FLORECER" 60X1m 800 SOLES |
Cuando llegó el momento de entrar en el gran salón, había
dentro un hombre alto vestido de blanco que la examinó, tocando su hombro, su
cabeza y luego la observó muy pensativo,
la miró a los ojos y le dijo: - todavía no estás preparada. El hombre llamó a
la enfermera y le dio una receta para que prepare un elixir, Ana Cecilia pensó que aquella preparación, posible mente sean flores de Bach. Salió del recinto y apoyada sobre un podio
espero a que la enfermera le trajera el elixir. Sentía en el coxis aún la
molestia.
La enfermera se acerco a ella con una pequeña botellita, se
la entregó y Ana Cecilia la abrió para oler el contenido, percibiendo un aroma a trementina, la enfermera se retiró y Ana Cecilia siguió
esperando.
Ella empezó a caminar por el convento y encontró otra gran habitación llena de mujeres que
estaban esperando en colchonetas algunas echadas otras
sentadas conversando, Ana Cecilia estaba cansada y quería echarse en una de
esas colchonetas, avanzó hacia una y al momento de echarse una muchacha le
muestra un aipad con sus fotos , Ana Cecilia le hizo conversación, la chica estaba
con un muchachito, el único hombre que estaba en espera.
Ana Cecilia se incorporó y avanzó hacía una pequeña
ventanita miro a través de ella el salón
donde estaba el hombre de blanco, el tenía un báculo dorado, y habían mujeres
de toda edad siendo examinadas de manera concienzuda por aquel hombre,
observaba su cabeza, sus manos, sus pies.
Ana Cecilia fue en busca nuevamente de una colchoneta, estaba
cansada y tenía frío, entonces el hombre de blanco salió del recinto, como para
observar cuantas mujeres estaban esperando y adelantándose a los deseos de Ana
Cecilia que seguía buscando un lugar de descanso, estiro una colchoneta y le
hizo una seña para que ocupe ese sitio, ella agradecida se sentó y él le
alcanzó una frazada. El hombre de blanco seguía observando la energía de las
mujeres en aquel lugar muy pensativo.

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